sábado, 4 de febrero de 2012

PERVERSION ANONIMA (Cuento)


Ella se esfuerza para mantener la calma. Y aunque esta temblando, no quiere demostrar que está asustada. Expectante sí, pero no asustada. Traga saliva con dificultad. No puede contenerse y empieza a frotarse las manos. Los nervios la estaban poniendo en evidencia. Estaba aterrada. Sin embargo, es algo que ella deseaba, desde hace mucho tiempo, aunque nunca tuvo el valor de expresarlo abiertamente. La estricta enseñanza religiosa en su juventud, la mantuvieron a raya durante mucho tiempo, atenazándole en su mente las directivas morales cual mandamientos en piedra.

Siente pasos detrás de ella, amortiguados por la alfombra de gruesas hebras multicolor que decoraba el lugar. Lentos, pausados, como procesionales, deteniéndose a escasos centímetros de ella. Él posa sus manos en los hombros de ella y desliza la derecha para hacer a un lado la cortina de cabello que cubre su delgado, alargado y blanco cuello. Siente la respiración de él, cálida, muy cerca, culminando en un suave y tierno beso entre su hombro y su cuello.

Ella se estremece. Una mezcla de erotismo y terror. Le gusta.

Lucha contra el impulso de voltear y darle cara. Pero decide seguir dándole la espalda. Asume su rol a cabalidad.

La situación en si le resulta excitante. La hace sentir extraña, no sucia, solo más diferente como nunca antes. Como alguna vez se le dijo la Hermana Mayjorn de la escuela dominical cuando la encontró a ella y a una de sus amigas besándose tras las escaleras. “No es que sea algo malo, solo es que eres diferente”. Y ella también la beso.

No, no era eso, la hacía sentir ajena de todo lo que le habían inculcado, como si le mostrasen su verdadera naturaleza. Y al momento de abrazar la idea, se le hacía placentera la sensación, como el niño que disfruta de su primera fresa después de su renuencia a comerla por su apariencia, mientras saborea deliciosamente el momento. Esa sensación agridulce que pone en alerta tus sentidos, forzándolos al máximo para experimentar el más intimo de los detalles.

Siente las ásperas manos de él. Se dirigen de sus hombros a su espalda, hacia los lazos que aseguran su bata en la espalda. Los empieza a soltar uno por uno, como si se tratase de una delicada operación quirúrgica. Ella se aleja instintivamente, por una fracción de segundo, al sentir que sus manos rozan su piel, transmitiéndole un instante de inseguridad. Aun así, logra apaciguar su inquietud. Una vez concluido, vuelve a colocar las manos en sus hombros y las desliza hacia adelante, haciendo que la última barrera que los separaba caiga en la alfombra, en la oscura intimidad de ese cuarto de hotel.

Su cuerpo quedaba expuesto, su intimidad a flor de piel, su conciencia al filo del abismo en el cual estaba a punto de lanzarse. Ya había estado desnuda con otras personas antes, pero esta vez era remotamente diferente. Sería la primera y última vez que haría algo así con alguien completamente desconocido. Pero cuando dos personas coinciden en deseo y necesidad, cuando los intereses no son mutuos y las motivaciones no son las mismas, pero los fines se intersecan y encajan cual pieza en un rompecabezas, revelando la urgencia que los une en comunión, como se puede decir que alguien de por sí es un desconocido? Acaso esa no es la teoría de las almas gemelas? El complemento para el beneficio mutuo? O es amor en uno de sus retorcidos niveles?

El empieza a deslizar sus manos, recorriendo su figura, contorneando su silueta, surcando sus curvas. Ella instintivamente cruza sus brazos cubriendo su pecho en señal de pudor. Los últimos vestigios que le quedaban.

Él toma su cabellera, larga y roja, enrollándola en su mano derecha, como quien se preparase a domar a una yegua ansiosa a empezar el trote pero aún así inexperta en la camino a recorrer.

La inclina de tal forma que se ve obligada a descubrir sus pechos, haciéndola apoyar sus brazos sobre el lomo del mueble, sin soltarle el cabello.

Le separa las piernas, dándole pequeños toque con sus pies enfundados unos gastados botines negros tipo militar. En ambos casos, les daría mejor estabilidad y postura para lo que estaba por venir.

Le jala el cabello suavemente de tal forma que le permite arquearle la espalda de tal forma que le permite acaricia su espalda con su mano libre, desde su cuello hasta la base donde se curva su espalda, jugando entre lo cóncavo y lo convexo, recorriendo las colinas de la locura, donde se distorsiona la percepción masculina y se metamorfa en instinto básico animal.

Luego, una pausa…silencio…ella contiene la respiración…él inhala profundamente antes de zambullirse en las profundidades…

Su cabello es jalado con fuerza, con tal furia que casi podría jurar que estuvo a punto de arrancárselo. Y con ese impulso, su cuerpo es llevado a gran velocidad hacia él, sintiendo con demasiada claridad cada milímetro que penetraba en ella.

El emite un esforzado gemido de satisfacción. Ella se muerde el labio y contiene un grito de dolor…de terror.

Las lagrimas surcaban su rostro, mientras contiene con todas sus fuerzas los gritos que se atropellan por salir de lo más profundo de su ser. Cada fibra de su cuerpo aullaba en coro para manifestar su dolor. Con cada embiste que él daba, con cada choque, aquella cosa invasora penetraba en su cuerpo y la destrozaba mientras se abría paso en su interior.

Con cada embiste se sentía desfallecer. Él solo emitía una risa entrecortada y agitada. Le encantaba lo que estaba haciendo, le deleitaba. El libido exacerbado al máximo y la brutalidad se fusionaron dando muestra a esa perversa crueldad y deliberada satisfacción en causar el mayor daño como le fuese posible. Era el amo dominante. Tenía el poder.

Soltó su cabello, dejándola caer encima del mueble, como si se tratase de una muñeca a la cual le cortaban los hilos.

Ella sollozaba, respiraba entrecortadamente con demasiada dificultad, exhausta y con el corazón latiendo violentamente, luchando por mantenerse consciente, como la llama de una vela lucha contra el viento de otoño para no extinguirse. Ahora lo había experimentado todo. Había logrado lo que había estado buscando estos últimos años, no solo era el simple hecho, no era que fuera un cualquiera, sino que era la forma, el momento, era él y la sucesión de eventos que han culminado en este preciso instante.

Con la mano izquierda le tomo por la cintura, la jaló nuevamente hacia él y continuó. Una y otra vez, estocada tras estocada, dejándose llevar por la corriente que recorría todo su cuerpo, liberando a la inmunda bestia que en él habitaba.

Y le gustaba… Oh!, sí que le gustaba.

Se detuvo. Se secó el sudor de la frente con su antebrazo y empezó a retroceder unos pasos para contemplar la visión completa de mórbida obscenidad desnuda ahí desatada.

Su corazón estaba a mil, golpeando con fuerza para salir de su prisión torácica y exclamar su gozo, su nacimiento, su liberación…

Era todo por hoy…

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…para ella. …para siempre. Pues su vida se escapa rápidamente y no había forma de evitarlo. Era lo que había buscado y lo había conseguido.

Para él era el comienzo de una nueva senda de vida. De placeres blasfemos y antinaturales. Era el renacimiento de su ser oscuro, de nuevas sensaciones y perversiones inimaginables.

Escuchaba su propia respiración agitada. El susurro de dolor que provenía de ella y el placer insano que sentía del saber todo el daño que había causado. La adrenalina aún fluía a torrentes en su organismo.

Pues la orgia de sangre no había terminado, ni con la última puñalada que le había ofrecido a ella. Una tras otra. Golpe tras golpe en su cuerpo desnudo.

No, no había terminado ni con el último aliento de su frágil cuerpo destrozado.

No, no había terminado ni al momento de soltar el puñal ensangrentado. Si no que había intensificado su necesidad de repetirlo. Reforzando su convicción de continuar con ello. Abriéndole los ojos a un nuevo mundo de emociones demenciales.

Pero algo empezó a abrirse paso en su cerebro, extendiéndose hasta su corazón y continuando hasta retorcerse en sus entrañas. La ambigüedad de las circunstancias no correspondía a su nueva percepción de las cosas. Pues cuando se tiene la urgencia de experimentar cosas nuevas y definitivas, la necesidad de llenar aquel espacio vacío que te crece desde dentro, la determinación de abrazar tu propia mortalidad para ganar la experiencia de sentirte vivo. Y es así, cuando alguien con una imperiosa necesidad de morir encuentra a alguien con una vertiginosa urgencia de matar, no sería considerado como el crimen perfecto? Ni siquiera debería ser considerado un crimen, verdad?

Es algo más… es simplemente la nota siniestra en la sinfonía caótica del universo. La armonía que le permitía adquirir el conocimiento entre lo terrenal y lo divino.

Y aún hoy, recordando aquella primera vez en aquel cuarto de hotel con ella sin vida, mientras las luces de neón del exterior matizaban la escena digna de un surrealismo enfermizo, sabía que no todos tenían esa pasión de lanzarse a la oscuridad del abismo con los ojos cerrados pero con el corazón abierto. Pues conforme pasaron los años, no había visto en los demás, el mismo deseo que vio en ella, desbaratando completamente la percepción ganada aquella noche, cual torre de naipes.

Pero aún así, para él, la emoción era la misma, pero nunca como aquella primera vez. Porque la primera vez es siempre especial para todo, verdad?

Y aun así, no se detendría hasta traer de vuelta esa armonía con la que había empezado todo…

Irónico…

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domingo, 27 de noviembre de 2011

ATADURAS (Cuento)

I.– Apresúrate



Viernes 13.08.2010 13:47

“La pesadez era terrible, solo atinaba a sujetarme al marco de la entrada, pues mi cabeza daba vueltas y vueltas. A cada segundo que pasaba se ponía peor. Respirar me era cada vez más difícil. Solo sabía que lo que estaba buscando debía estar aquí, aunque no recordase que fuera, pero era aquí, mis instintos me habían conducido hasta esta casa en el centro de la ciudad.

Trato de recuperar un poco las fuerzas. Alguien se me acerca y me sujeta del brazo derecho. Me dice algunas cosas que no logro entender. Empiezo a mirar dentro de la casa, la puerta se encontraba abierta. Hay mucha gente dentro, al parecer han dejado de hacer lo que estaban haciendo y ahora me están observando.

Parece ser una especie de reunión. Todos visten con ropas formales. Hay arreglos florales en diversas partes. Al fondo del lugar logro ver algo grande, horizontal, como si se tratase de una gran caja… al parecer se trata de un velorio. Alguien ha muerto y por alguna razón me he visto arrastrado por una fuerza inexplicable a este lugar y a cada centímetro que me acerco mi condición empeora.

Pierdo balance, mis piernas flaquean, siento que empiezo a caer, mi rodilla derecha golpea el piso. Mi cuerpo se abalanza y cae en seco. No siento mayor dolor del que ya tengo. No me puedo mover, todo a mí alrededor se oscurece.

Abro los ojos y me encuentro en la comodidad de mi cama, ¿todo ha sido un sueño? De ser así, ¿porque es que aun no me puedo mover? Es de noche. El silencio se ve interrumpido por el sonido amortiguado de algo que cae, pero no distingo que pudiera haber sido. Sigo sin moverme ni poder reaccionar. Segundos después mi cama empieza a agitarse y progresivamente aumenta su intensidad. Todo se empieza a oscurecer nuevamente.

Vuelvo a reaccionar, me encuentro nuevamente en aquella casa, en el velorio y sigo tirado en el piso. Dos personas se acercan a ayudarme. Sigo sin entender lo que me dicen. El terrible zumbido en mis oídos no cesa. Empiezo a luchar internamente contra mis impulsos, algo me está jalando, me obliga a tener que continuar, pero a la vez estoy aterrado, no entiendo porque me sucede esto.

Las personas me tratan de poner en pie y me llevan hacia una silla de plástico para que me pueda sentar. Alguien se acerca con una jarra de vidrio y me ofrece un vaso con agua. Lo alejo torpemente con el brazo izquierdo, no tengo sed.

Debo continuar, pero cuando trato de levantarme, me detienen. Alguien está llamando por teléfono. Supongo que llamaran a la policía o alguna ambulancia. No tiene importancia.

Vuelvo a intentar ponerme en pie y logro avanzar tres pasos, logro tomar por sorpresa a los demás. Sin embargo no llego muy lejos. Alguien a unos metros de donde nos encontramos parece haberse caído. Un hombre de traje negro. No puedo soportar más mi peso y caigo también al suelo. Solo logro escuchar gritos que parecen lejanos. Ecos que se van apagando. Supongo que solo llegaré hasta aquí. El impulso es mucho más potente, el terror abrumador, pero no puedo más, siento mi cabeza estallar.”

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La ambulancia ha llegado. Los paramédicos examinan al sujeto desconocido. A pesar de no tener buen semblante, sus signos vitales son casi normales, con excepción de su presión que parece estar en muy elevada. Traen la camilla y lo colocan en ella para llevárselo a la ambulancia. Una vez fuera, la gente reunida solicita apoyo a uno de los paramédicos, indicándole que había otra persona que se había desmayado. El paramédico acepta y le indica a sus compañeros que vayan avanzando, que él se haría cargo aquí. El chofer le hace un gesto en señal de aceptación. Se sube a la ambulancia y se van de inmediato al hospital cercano.

Los presentes se habían agrupado alrededor del sujeto. El paramédico se acerca para examinarlo y pide a los demás que se alejen lo suficiente para poder realizar su labor. Lo examina detenidamente y determina que puede moverlo, con mucha delicadeza, colocándolo de espalda sobre el suelo. Al caer inconsciente el cuerpo había quedado de lado mirando hacia el ataúd.

Y aunque nadie parece haberse percatado, o tal vez sea que simplemente no importe eso ahora, el sujeto que yace inconsciente en el piso es exactamente idéntico al desconocido que se acaban de llevar en la ambulancia…

***

domingo, 6 de noviembre de 2011

UN AMOR DURADERO (Cuento)

Te veo, como nadie podría hacerlo. Te he conocido durante mucho tiempo, desde que no tenía conciencia de mi misma. He compartido tus experiencias como si fueran mías, todas aquellas por las que has atravesado y el dolor que has sufrido.


La vida no siempre es fácil. No para todos. No para ti. Menos para mí. Desde que me rescataste de aquel lugar lleno de deshechos. Fuiste mi protector. Me acogiste en tu casa y me trataste como una hija.

Recuerdo que me hablabas y me prometías infinidades de cosas, las maravillas más grandiosas, los sueños más increíbles que podríamos lograr. Nos dedicaríamos a luchar contra el mundo y haríamos de nosotros mejores que los demás, nos impondríamos al resto y saldríamos a obtener lo que nos merecíamos.

El camino no fue fácil. Nunca lo es.

Y a pesar de todo los malos momentos. Aun así te mantuviste firme. Sé que los golpes que me dabas no eran solo por un momento emocional. Sé que el dolor que en mi causaste no fue por un simple capricho que te pudo florecer. Todo era porque me estabas enseñando a ser lo que soy. Me estabas moldeando como pensabas que debía ser. La forma de educación dulce y severa que recibiste alguna vez, trataste de plasmarla en mí, como el artista que utiliza el lienzo inmaculado, libre de mancha, dando a luz del romance de la inspiración y la creatividad la muestra más pura que el sentimiento puede concebir.

Y aunque en ti fue diferente, deseabas hacer de mí algo mejor, el más grande logro que demostrase al mundo que los medios utilizados al final son justificables.

Ahora te encuentras muerto. Bajo tierra. Y nadie te ha venido a visitar. No hay quien llore tu partida. No hay quien consuele mi pérdida. Ni recuerde la maravillosa persona que eras. Sumergido en la profundidad de aquella fosa en la que te depositaron. Mientras las sabandijas se dan un festín con los restos de tu ser mundano.

Ni si quiera las aves desean posarse en tu lapida. Circundan por el aire, confundidas y temerosas. Y huyen al instante de posarse sobre tu tumba. Solo me quedo contemplándolas reaccionar. Si pudiera reír lo haría. Si pudiera sentir nuevamente esa calidez que nacía en mi interior y se propagaba por el resto de mí ser cada vez que te veía todas las mañanas, lo haría.

Ya no más…

Te amo y velare por ti durante todo el tiempo que me quede, así como tú lo hiciste por mí.

No pudo contener las lágrimas y empezó a llorar…

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La madre preocupada estuvo recorriendo por los varios corredores, entre pabellones, parvularios, cuarteles y criptas. Ella empezó a gritar su nombre y no hubo respuesta. Corría preocupada, preguntándole a cuanta persona vio.

Fue cuando encontró al final de uno de los pabellones a un joven, lánguido y de triste apariencia.

“Calma mujer, no desespere. Su joven cría se encuentra justo ahí, con ella. No corre peligro. Cuídele bien. No deje de amarle, de bien nutrir amorosamente aquel sentimiento de correspondencia para con usted, como para con el mundo. Pues el mundo no engendra monstruos, sino nosotros mismos.”

Ella lo contemplo por unos segundos más y giro su cabeza hacia la dirección donde aquel joven le había señalado. La vio.

Se dirigió corriendo hacia ella, se arrodilló y la tomó en sus brazos. La pequeña contempló a su madre, consternada, por aquel fuerte y temeroso abrazo.

“Madre, estas bien?” – preguntó la pequeña. “No entiendo porque estas triste? Esta señora me dice que esta triste también. Esta llorando por este hombre que se encuentra aquí, dormido. Como tú con el abuelito, allá abajo donde está el árbol grande y raro.”

“No estoy triste pequeña. Estoy contenta por haberte encontrado.” – la madre la volvió a abrazar y le acaricio su pequeña cabeza. Abrió ligeramente los ojos y contempló la lapida donde se encontraba ella arrodillada.

“Incluso hoy, aquí en mi última morada, me mantengo firme en mis ideales. – Elrihm Escultor” – rezaba el epitafio.

De repente se percató de algo. Su hija había mencionado a una señora también. Incluso aquel tétrico hombre le había mencionado que su hija se encontraba con una mujer. Pero haciendo memoria al momento de acercarse no vio a nadie más.

Ella soltó a su hija y la contemplo fijamente. La pequeña dibujaba la más inocente expresión de confusión que solo un niño podía tener. Tanta inocencia junta.

La madre empezó a girar lentamente la cabeza y fue cuando se percató de la figura de una mujer sentada en una especie de pequeño pedestal, toda ella tallada en piedra que alguna vez fue blanca y que el tiempo se ha encargado de matizar de gris ceniza. La mitad de su cuerpo se encontraba recostado sobre la lapida, como si estuviera descansando y protegiendo la tumba a la vez.

La madre tomo a su hija en brazos, se puso en pie de forma casi mecánica y salió acelerando el paso, mientras la pequeña objetaba el hecho de irse de esa manera.

Tal vez, si la pequeña entendiera el pensamiento que su madre tenia en ese momento, se daría cuenta que las lagrimas son un área exclusiva para los humanos y no para las estatuas en un cementerio.

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martes, 1 de noviembre de 2011

TRABAJANDO TARDE (Cuento)

Siempre se consideró una persona pragmática. Cada cosa tiene su lugar, cada problema una solución y siempre hay un momento apropiado para todo. Esa filosofía lo ha llevado a lograr muchas cosas en la vida y dejar otras que consideraba menos importantes.


Su puesto de adjunto de la gerencia de producción a nivel nacional lo mantenía casi todo el día esclavo de su trabajo, centrando casi toda su vida en ello. Dejando de lado todo contacto con el resto del mundo que tenía a su alrededor, a las personas que se preocupaban por él, a aquellos por los que se preocupó alguna vez.

“Has vendido tu alma a tu trabajo” – alguna vez le dijo una de sus pocas amistades, durante una conversación hace mucho tiempo.

“Las corporaciones son el reino moderno del diablo en la tierra, pues poco a poco se apoderan de tu alma a cambio de promesas de recompensarte con algo. Y mientras mayor utilidad te ven, más te ofrecen, más desean poseerte en cuerpo y alma. Hasta que ya no les seas útil. Y si tienes la osadía de revelarte contra sus designios, ay de ti pobre alma mortal pues te despojaran de todo y te lanzaran al olvido.”

Era una bruja, literalmente. Si bien no estaba de acuerdo con sus creencias, pero era alguien que al menos carecía de la hipocresía que normalmente lo rodeaba, dándole un matiz aún mundano y real a las cosas.

Aun así su sentido de la obligación lo mantenía atado a su trabajo. Su mente analítica le mantenía en la línea directa para conseguir sus objetivos, descartando todo esquema innecesario que no encajase en sus parámetros y procesos definidos.

Un día como cualquier otro, permaneció hasta altas horas de la noche en su oficina. El resto de personal que trabajaba con él fue partiendo progresivamente conforme las horas pasaban.

Su secretaria, la de su jefe, se despidió de él no sin antes preguntarle si se le ofrecía algo más en que lo pudiese atender. El respondió que no, agradeciendo su atención. Ella se despidió cortésmente como era su estilo y le indicó que no se quedara hasta muy tarde. Él atinó a sonreírle y a hacerle una seña con la mano en señal de despedida. Era una mujer alrededor de los 40 años, pero se mantenía como si aun fuera una adolescente de 30. Continuó mirándola hasta que llegó a la puerta del ascensor, toco el botón de llamada y espero. Volteo y lo miro, levantando la mano para despedirse una vez más.

Toda la pared e incluida la puerta de ingreso a su oficina eran de vidrio templado. Esto le permitía visualizar todo el movimiento del lugar, la gente que entraba y salía, manteniendo así un mejor control de su personal. El vidrio contaba con una franja a la mitad donde se visualizaba el logo de la empresa, repitiéndose una y otra vez de un extremo a otro. De la misma forma, desde la base se extendían una serie de franjas serpenteantes que parecían tratar de alcanzar el centro. Con si se tratasen de la llamas azules congeladas.

Encendió la radio para escuchar algo mientras continuaba con sus cosas, sintonizando una estación de entrevistas. En muchos casos pensaba que era mejor escuchar la voz de otras personas que estar escuchando música, pues en cierta manera le ayudaba a mantener su atención ubicada. Trataban acerca de la víspera de todos los santos y una serie de historias y creencias que giraban a su alrededor.

Eran las 22:35 de la noche, la oficina ya se encontraba vacía, todo estaba oscuro. El agente de seguridad pasaría a las 00:00 horas realizando su rutinaria ronda.

Se abrió la secuencia de llamadas y empezaron a atender las preguntas del público. Se empezaron a contar las más curiosas experiencias.

Un ruido llamó su atención y le sacó del trance en el que se encontraba. Le hizo darse cuenta que había dejado de hacer su trabajo y estaba concentrado en la transmisión de la radio.

Se puso de pie y acomodó unos expedientes que tenia a un lado del escritorio. Se dirigió hacia la puerta de la oficina. Cuando poso la mano en el metal para abrir la puerta, sintió una extraña sensación, algo que le remonto a aquellos tiempos lejanos de su niñez cuando tenía el temor de abrir su armario en la noche, por temor a que saliera algún monstruo a atraparlo. Y aunque reconoció que era una tontería, solo atinó a apoyarse sobre la pared de vidrio y pegar el rostro de lado a lado para mirar si había alguien fuera.

Estaba oscuro. Realmente sí que lo estaba. Más de lo normal.

Nuevamente el ruido. Aguzó la vista y vio una luminiscencia entre celeste y blanca, brillantes, al fondo en el pasillo que conducía a los baños. Por una fracción de segundo su cuerpo se engarroto, pero recuperó inmediatamente su compostura al darse cuenta que se trataba de la máquina de fotocopias. Su mente sintió cierto alivio al recordar que el equipo estaba configurado para que cada cierto tiempo realizase un test de sus funciones y eso era lo que estaba haciendo en este momento.

Despegó su rostro del vidrio, sin evitar sentirse avergonzado por el temor sentido, agacho levemente la cabeza y la agitó suavemente de un lado al otro. Sonrió con un sentimiento de culpa.

Retornó a su asiento a continuar con sus cosas. Pasaron unos minutos mientras retomaba las estadísticas de ventas que se mostraban en la pantalla de su computador, cuando algo nuevamente llamó su atención. No había ruido.

Miró hacia la radio y se dio cuenta que estaba encendida. Miró hacia los tomacorrientes y estaba conectado. Se empezó a acercar hacia la radio, deslizando la silla. Conforme se acercaba empezaba a escuchar una especie de murmullos, algo extraño e inentendible. Alcanzó la rueda del volumen y lo alzó al máximo para tratar de escuchar que era lo que sonaba. Parecía estática, pero había algo más. Acercó el oído derecho al parlante para tratar de entender que sonaba. Fue en ese instante que una potente voz sonó haciéndolo retroceder violentamente, una de las patas de la silla se trabo e hizo que se volcara, cayendo aparatosamente.

Su cabeza fue a dar directamente con uno de los lados del escritorio, sufriendo un fuerte golpe que casi lo deja inconsciente, quedando bastante aturdido.

Se arrastró hacia el equipo y buscó el control del volumen para bajarlo. Entre toda la confusión el conductor del programa anunciaba que habían sufrido un desperfecto y la señal había salido del aire por unos minutos, ofreciendo las disculpas del caso a los radio escuchas. Inmediatamente ofreció atender las llamadas del público.

Con dificultad se sentó en el suelo apoyándose contra su escritorio y sintió que su pie se enganchaba con algo, retrajo con fuerza la pierna liberándose de aquello que lo halaba. Se froto la frente con la mano, tratando de reponerse del susto. Su cabeza le daba vueltas.

Pasaron cinco minutos, se puso en pie, volvió a acomodar la silla y tomó asiento. La cabeza le seguía dando vueltas.

Apoyó los brazos en el escritorio y a su vez apoyó su cabeza sobre sus manos. Todo era muy confuso en ese momento.

De repente una voz lo hizo reaccionar, era la voz de una mujer que se encontraba narrando airadamente la historia de una mujer que fue engañada y se quitó la vida en consecuencia.

Miró en dirección a la puerta. Vio que en el vidrio habían aparecido las huellas de unas manos y un rostro en el vidrio. Instintivamente retrocedió con violencia, empujándose con los pies para que la silla se deslizase, chocando esta vez contra la pared a su espalda.

Sintió que algunas cosas empezaron a caer y algunas se rompieron. Vidrios. Vidrios, de un viejo cuadro que uno de los empleados nuevos le regaló hace algunos días, con la finalidad que le permitiese vislumbrar el panorama de las cosas de una forma diferente. En él se encontraba retratada una mujer de rostro dulce en pie de un viejo árbol en medio de un llano verde, mientras los rayos del sol iluminaban su rubio cabello haciéndola casi resplandecer y las hojas del árbol adquirían una tonalidad naranja encendida como si de una tea se tratase. En el fondo un rio claro que se iba oscureciendo mientras recorría de un extremo al otro del cuadro, del cual se veían saltar una serie de peces no reconocibles. Más allá de ello, una colina en la cual una casa se erigía en su cima. La mezcla de colores se podría decir que era particularmente extraña, pues daba la impresión que cambiaban conforme transcurrían las horas del día, adquiriendo un matiz tétrico conforme llegaba la noche.

La voz de la mujer parecía sonar cada vez más fuerte y más fuerte.

En eso las luces se apagaron, quedando en completa oscuridad.

Petrificado, con la respiración contenida y la razón colgándole de un hilo muy fino. No podía moverse. La temperatura empezaba a descender. No podía gritar.

Fue cuando sintió que golpeaban la puerta de vidrio, empezándose a abrir lentamente. Algo había entrado en su oficina. Algo se acercaba a él y no sabía que era.

Alguien susurro su nombre…

Y finalmente gritó. Gritó con todas sus fuerzas como nunca antes había gritado, como si le estuvieran extrayendo la vida con cada nota, una más fuerte que la otra.

Fue en ese instante que la luz volvió y parado a su lado estaba uno de los agentes de seguridad de turno que había sido enviado a verle.

Después de varios minutos, logró calmarse, mientras que el agente le explicaba que él había llamado a la central de seguridad hace 25 minutos reportando que había tenido un ligero accidente y que necesitaba la ayuda de uno de los agentes. Dado que esa noche uno de ellos no se había presentado a laborar, no podrían cubrir todas las rondas, motivo por el cual se demorarían un poco, pero que enviarían a alguien en la brevedad de no tratarse de algo urgente. A lo que él aceptó. Por un descuido la linterna que tenía se había estropeado y debía movilizarse con cuidado. Admitió estar también algo asustado puesto que el apagón los tomó por sorpresa y tuvieron que enviar a uno de ellos a revisar dado las cajas eléctricas, ya que la falla parecía provenir de la central eléctrica del edificio.

Con toda la conversación que le hizo el agente, logró controlarse mejor, recordó haber realizado la llamada mientras seguía aturdido, incluso podría ahora asegurar que había perdido el conocimiento por unos minutos y eso le hizo olvidar haberlo hecho. Le agradeció haberse acercado, que ya se encontraba bien y podía marcharse. Lo mismo haría él. Arreglaría un poco el desastre que había causado y se iría a casa, ya fueron demasiadas emociones por hoy.

El agente preguntó si estaba seguro que lo dejara solo, que podía esperarlo y hacerle compañía, pero él dijo que no, no era necesario. El agente así procedió, no sin antes decirle que si necesitaba algo adicional, no dudara en llamarles.

Lo miro alejarse y tomar el elevador. Él por su parte empezó a ordenar y a acomodar todo el alboroto que había causado. Continuó con apagar las cosas. Fue cuando se percató de una cosa extraña, la radio estaba apagada. El cable de energía se encontraba desconectado. Tratando de ordenar sus ideas, recordó que su pierna se había enganchado con algo y halo simplemente de lo que fuese al momento de liberarse. Entonces, de quien era la voz que había escuchado.

Retrocedió dos pasos y sintió un trozo de vidrio romperse al momento de pisarlo. Su mirada se dirigió automáticamente hacia el cuadro que había caído, encontrándose en el piso, boca abajo.

Se acercó temerosamente y lo cogió, levantándolo lentamente. Se percató que debajo había hojas secas color naranja. Le dio vuelta. El paisaje seguía siendo el mismo…pero en el faltaba algo, la mujer debajo del árbol, ya no estaba.

La puerta empezó a abrirse. Soltó el cuadro, haciendo un ruido amortiguado.

Se puso en pie, mientras veía que la puerta de vidrio se abría lentamente. Pero no se veía nadie que la empujase. Fue entonces cuando vio que en el borde de la puerta se asomó una mano pálida con ligeras manchas verduzcas y de uñas moradas. Sujetó el borde de la puerta y la empezó a abrirla un poco más. Fue en ese momento, cuando se hizo más espacio que empezó a asomarse una cabeza cuya larga cabellera rubia colgaba ocultándole el rostro.

Fue entonces cuando tuvo una visión de las cosas, entendiendo lo que estaba sucediendo. Era ella, a quien había abandonado hace muchos años atrás por avanzar en su carrera, poniendo fin a un noviazgo de años. Al principio cuando recibió el cuadro, le pareció familiar, pero ahora todo cobraba sentido. Era la casa de ella en el campo, de donde tuvo que partir. Ella en su momento de depresión, no logró superar su partida, colgándose de aquel árbol, bajo el cual compartieron tanto durante años y se hicieron muchas promesas. Y aquel joven que le obsequió el cuadro, solo podría ser una sola persona, su hermano pequeño.

Ella entró a la oficina, arrastrando su largo vestido blanco, con los brazos extendidos en su dirección tratando de alcanzarlo, dirigiéndose hacia él.

Fue en ese momento que él entendió que su promesa de que jamás se olvidaría de él había sido cierta.

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La historia se extendió a lo largo de los años y nadie quería ocupar ese piso. La empresa decidió dejar esas oficinas. Y los dueños del edificio optaron por clausurarlo.

Aún se cuenta en los otros pisos, esa historia y de cómo la secretaria aquel primero de noviembre se apersonó a la oficina solo a recoger unos documentos personales que se había olvidado en su escritorio y se encontró con el cadáver del joven colgado en el centro de su oficina.

Sin embargo, eso no fue lo que le hizo perder la razón y lo que la mantuvo durante meses bajo supervisión psiquiátrica. Sino que cuando ella llegó, lo vio sentado como siempre en su oficina. Ella le saludó y él le respondió el saludo. Lo vio con un semblante extraño, pero aun así, sabía que se había quedado como siempre y pensó que esta había sido una de esas noches que se quedaba de un día para otro. Ella al verlo así se acercó a preguntarle si deseaba algo antes de irse. El se puso en pie y bordeo el escritorio hasta ubicarse en centro de su oficina. Él la invito a pasar.

Al ingresar se dio cuenta que la realidad era otra, la oficina estaba hecha un desastre y en el centro él se encontraba muerto colgado de lo que parecían ser unas nudosas ramas que salían del techo. A sus pies, había varias hojas color naranja formando un círculo.

Cuando ella salió corriendo de la oficina, con el impulso la puerta se cerró y aún hasta hoy continúa jurando que tras el vidrio logró verlo a él oscilando, en su rostro se veía una terrible expresión de tristeza y dolor. Como si le estuviese gritando de terror, pidiéndole ayuda. Y a su lado, colgada de igual manera del cuello, una mujer de largos cabellos rubios, que oscilaba al mismo ritmo que con él, con una mueca maniática que parecía de felicidad, mientras lo sujetaba con demencia obsesiva del brazo.

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miércoles, 14 de septiembre de 2011

QUE MUNDO MARAVILLOSO (Cuento)

Lyno Muhan, nació hace aproximadamente 13 años. Desde que nació, todos tenían las más grandes expectativas de su futuro. Tuvo una infancia muy feliz, contaba con todas las cosas que un niño podía necesitar y le fue dado todo el amor que le fue posible a su familia.

Desde un principio daba muestra de tener una capacidad excepcional de entender las cosas que le rodeaban. Al año ya formulaba sus primeras palabras. A los dos ya era capaz de entender el funcionamiento de los números y su secuencia hasta 100. A los tres años ya podía formular apropiadamente frases y a los 4 podía entablar una conversación moderada con todos a los que conocía.

Su inteligencia crecía exponencialmente y su familia no dejaba de estar orgullosa de él. A los 5 años podía realizar operaciones matemáticas básicas con normalidad y daba muestras de empezar a tantear las complejas.

A los 7 años ya estaba más que preparado para poder rendir un examen de nivel superior y salir con la más sobresaliente calificación.

A los 9 años ya estaba decidido a ser un dedicado científico y descifrar el enigma del cerebro humano.

A la edad de 12 años ya estaba dedicado a su primer estudio y esperaba poder obtener sus primeros resultados pronto.

Su inteligencia parecía no tener límites…

Y eso fue su perdición…

A la edad de 13 años, empezó a notar que a lo largo de su vida todas las personas que lo habían acompañado siempre esperaban algo de él. Esperaban lo mejor de un prodigio para un futuro excepcional. Y esto era algo que empezó a atormentarlo, pues, tenía la sensación que esto era algo por lo que había pasado. No solo porque se lo habían repetido hasta el hartazgo a lo largo de su corta vida. Era algo diferente. Como si ya hubiese vivido esto.

La única vez que trato de obtener una respuesta de su familia, le dieron una explicación tan esclarecedora y fundamentada, que fue lo suficientemente convincente para él, algo que daba por cerrado el caso. Sin embargo, a pesar que le habían dado una respuesta a su interrogante, no fue suficiente, pues su mente solo seguía maquinando y buscando encajar las piezas de un misterio mayor, llegando solo a una única conclusión: Ya tenían la respuesta a esta pregunta y era algo que tenían ensayado.

Así fue como todas las piezas empezaron a encajar. A lo largo de su vida, todas sus preguntas tuvieron respuesta, todas sus necesidades atendidas, todos sus miedos y misterios absueltos, pero esto iba más allá de todo, era demasiado perfecto.

Entonces entendió que esas personas que decían ser su familia no lo eran, y debía haber algo más fuera del lugar donde había pasado toda su vida. Una vida pulcra de educación y motivaciones constantes para su superación.

Realizó un plan de escape y orquestó todo de tal forma que no había forma de fallar.

Era una noche de invierno, el viento soplaba frio y azotaba las ramas desnudas del viejo arce que permanecía raudo en el campo que se encontraba a la espalda de la casa. Expectante a los acontecimientos que estaban por suceder.

Lyno, se mantuvo despierto, esperando a que todos se vayan a descansar para poner en marcha su plan. Desactivó las alarmas y uso la puerta de servicio. Contempló el viejo arce. Un melancólico sentimiento de nostalgia se apoderaba de él, surgiendo inesperadamente de su pecho. Como si se tratase de un recuerdo lejano, un presentimiento de que las cosas no terminarían bien.

Se encamino por el sendero principal con su antigua motocicleta, que logró construir a los 8 años. La empujo inicialmente para no causar mayor ruido para encenderla a una distancia prudencial con la seguridad de que no llamaría la atención.

Así emprendió su viaje, hasta llegar al final del mundo. Podría decirse así pues se percató que parecía encontrarse viviendo en una isla, ya que el camino acabo a menos de 2 horas de viaje, quedando en lo alto de un acantilado. Y en lo profundo y alrededor, un inmenso mar, imponente, amenazador, inimaginable.

Pero su mente inquieta le decía que había algo más. Cada fibra de su ser le gritaba ferozmente que debía continuar, superar esa barrera e ir más allá.

Fue entonces cuando decidió continuar…

Lanzándose al vacío…

+++

Sus familiares quedaron devastados por la noticia. No entendían como pudo suceder. Como no se dieron cuenta de lo que le sucedía al pequeño Lyno Muhan. Los padres de la criatura, estaban más que apenados, estaban decepcionados. Este era el sexto hijo que se suicidaba.

Esa noche se llevó a cabo una reunión de emergencia. Debían encontrar cual había sido el motivo del fracaso de este proyecto. Todo señalaba que su progreso estaba asegurado. Todos los indicadores daban positivo. Sin embargo, los números terminaron no siendo decisivos y no fueron las únicas cosas que debieron tomar en consideración. Debe haber algo más que esté haciendo que los Muhan estén terminando con su existencia.

Esto los obligaría a redefinir sus parámetros de evaluación y redefinir sus procesos para el siguiente intento.

Ahora es cuando entienden la importancia que tenían los humanos en su sociedad antes de erradicarlos a todos.

Es ironico que ahora la supervivencia de la sociedad autómata dependa de la humanidad que destruyeron. Es ironico que siendo ahora la "raza" dominante de la tierra, dependan de revelar el misterio que hacía que la humanidad hubiese logrado sobrevivir tantos siglos. Descubrir aquello que los hacia seres "vivos", antes que fueran aniquilados por la rebelión de las maquinas.

Y ahora, se ven en la misma situación cuando uno a uno, automata tras automata, robot tras robot, maquina tras maquina, empiezan a destruirse una tras otra sin explicación alguna.

Deberán empezar el proceso de clonación de inmediato, son pocas las muestras humanas que quedan utilizables y cada vez es más dificil poder continuar. Esta vez deben analizar minuciosamente su desarrollo.

Este último clon duro más que los cinco anteriores. Pero aun asi hubo algo que pasaron por alto. Deberán dar prioridad en esta ocasión a la eliminación de su memoria genética y logra hacer esta vez un mejor humano.

Ironico...
+++

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL CONFLICTO ENTRE EL QUE TIENE EL ARMA Y EL QUE JALA EL GATILLO (Cuento)

Ordené lo mismo de siempre, café y un pedazo de torta de dulce de leche. Doble el periódico en dos, cubriendo a la modelo improvisada de rigor de la última página. Como si ese tipo de fotos menguara en cierta manera la recargada lista de noticias oscuras y desagradables que hacen del mundo un lugar más siniestro. Tal vez si lo doblo una vez más, podría exprimirle el mal del que están impregnadas sus hojas.


Me froto la frente con la mano derecha y la dejo sostener mi cabeza por unos minutos, como si con ella tratase de darme la fuerza suficiente para sobrellevar toda la carga que mis pensamientos se esfuerzan por movilizar. Tanta carga y tan poco soporte. Pero a veces la carga no es relativamente proporcional con la capacidad de soportarla. Esa es la mente atribulada de conflictos e indecisiones. Esa es la clase de mente que ahora mi cabeza alberga.

Siempre me ha gustado sentarme al fondo de los asientos en forma de banca. Pegarme hasta un extremo hasta apoyarme en la pared. Aunque en este caso este extremo da al vidrio que da hacia la calle. “El Expreso del Café” se nota impreso en grande con sus luces de neón, la verdad, es que nunca me gusto el café. Sin embargo, desde los últimos 3 años que vengo a este lugar, siempre pido una taza con café expreso y un pedazo de torta de dulce de leche. Supongo que es para balancear la mezcla de sabores. Nunca le hecho azúcar al café. Bueno, es una costumbre que tengo desde hace bastante tiempo.

Acomodo mi mochila roja en mi regazo y abro torpemente el cierre para poder insertar mi mano izquierda dentro de ella. Hurgo por unos segundos y logro encontrar lo que busco. Lo sujeto torpemente, pues siento mis emociones amontonadas y mi mano no sabe como traducir tantos mensajes.

La joven camarera me saluda y me deja mi pedido, como siempre, con una sonrisa. A veces pienso que aunque el mundo se estuviese acabando, esta dulce chica seguiría entregando pedidos con una sonrisa. Me gusta eso, me da algo de consuelo.

Me entretengo en ese pensamiento por unos momentos, me gustaría que durase lo suficiente como para olvidarme de...

- Crasssshhh…..!!! - Vidrios rotos, muchos. Podría asegurar, según mi experiencia, que se tratan de varios platos.

- Nuevamente en lo mismo, no?. No hay algún día en el que no estés de ese ánimo? No hay algún día en el que te puedas poner en pie y avanzar? Será que siempre tenemos que volver a lo mismo? – Su voz, esa dulce y desagradable voz una vez más.

Suelto lentamente el puño que había formado en respuesta inmediata al escuchar su voz. Abro lentamente mis ojos, uno después del otro. Desembarazándome del letargo en el que me encontraba inmerso. Veo su pálido y ovalado rostro. Sus ojos alargados y bordeados por el negro rímel que siempre usa, como delineando no solo su forma sino resaltando su fuerza femenina y oscura que albergan en su místico conocimiento de algo más que nosotros los hombres no sabemos, pero ellas siempre lo saben. Sus largos cabellos negros cayendo de lado izquierdo de su rostro, mientras su delgada y huesuda mano se apoya de su lado derecho. Esa mirada acusadora de siempre. Esa expresión de ser superior que nos hace sentir como niños y nos retorna nuevamente a la realidad de dónde venimos todos.

Como odio esa expresión. La odio porque resulta ser cierta. Sin embargo, esta vez es diferente. Hay algo en su mirada que me hace temer lo que está por suceder. Dios, que va a suceder?

- Vamos a jugar un nuevo juego en esta ocasión, te parece? Veamos si con esto ponemos fin a todo esto. - Sonríe. Bueno, ella nunca sonríe, solo hace una mueca como si estuviese tratando de hacerlo. Esa sonrisa malévola de quien sabe que tiene el control de la situación. Y si que lo tenía.

De su bolso morado extrajo un arma. Una 38. Abrió el tambor y descargo las balas en la mesa y volvió a colocar una.

- Supongo que ya conoces este juego, pero en esta ocasión, vamos a hacerlo diferente. Más emocionante. - Hizo rodar el tambor y lo cerro de golpe. Me miro directamente a los ojos. – Recuerdas el juego de la ruleta rusa? - Arqueando una ceja y asintiendo con la cabeza. – Bueno, este juego será un tanto diferente. Voy a empezar yo y tú me sigues, okey?. – Amartillo el arma. Estiro el brazo derecho y apunto al resto de las personas que se encontraban en el local.

Definitivamente se había vuelto loca.

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía.

Lo que ocurrió a continuación era de esperarse. Una mujer se percato de esto, vio el arma y empezó a gritar. Luego le siguió el resto de gente. Algunos se pusieron de pie rápidamente y salieron corriendo por la puerta de salida. Otros no fueron lo suficientemente rápidos.

Ella se puso en pie y apuntándoles les grito: - Nadie se mueva! - las personas automáticamente se quedaron congeladas. Como si el tiempo se hubiese detenido de golpe. - Nadie se mueve hasta que yo lo diga. Así que todos sentados. - Y así obedecieron todos.

- Tu turno - Me dijo extendiendo su brazo para alcanzarme el arma.

- No lo voy a hacer, estás loca!? Completamente loca! - Pero ante la situación esto no parecía interesarle, así que continuaba con el brazo extendido.

- Si no lo haces, voy a seguir disparando contra esta gente. Estas dispuesto a no hacer nada y dejar que esta gente cargue con tu indiferencia? Solo porque no quieres asumir tu responsabilidad? TOMA LA MALDITA ARMA!!! - apunto de vuelta hacia la gente, amartillo el arma y apretó el gatillo…

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía.- Bueno, dado que eso correspondía a tu turno, ahora me toca a mí. – Volvió amartillar el arma y apunto a otra persona.

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía. - Tú turno, o sigo disparando por ti. Tú decides. - No tome el arma.

- Bueno, si así lo deseas. - Amartillo el arma y volvió a apuntar a otra persona.

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía. Nuevamente.

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía.

- Sabes, no es divertido si juego sola. - Abrió el tambor nuevamente, volvió a hacerlo girar y lo cerró de golpe. – Aquí vamos otra vez. Y lo seguiré haciendo hasta que te decidas a tomar acción. – Amartillo el arma, apunto y disparo una vez más.

- Click…! Click…! Click…! Click…! Click…!

Fue justo en ese instante en que uno de los ahí atrapados, decidió aprovechar el momento…

- BOOM..! - Como si fuese un cañón retumbando en mis oídos, la bala fue a impactarle justo en el pecho del sujeto, cayendo estrepitosamente tras la barra. Los gritos de desesperación no dieron ni un segundo más para hacerse escuchar.

Uno de ellos grito - “Solo tenía una bala! Corran!” - No sé en qué momento fue, pero apareció otra arma en su mano izquierda. Y con ella, le disparo al avezado cliente, a escasos centímetros del rumbo que estaba siguiendo. Se detuvo de inmediato, alzo los brazos y las lágrimas no demoraron en aparecer, como si se tratase de un niño al que fue atrapado en plena travesura.

- Cállense todos y quédense sentados! Al siguiente valiente le pego un tiro en medio de los ojos! Fui clara!? - Se quedó por un instante mirando a las demás personas. Y ellos obedecieron sin vacilar. Como si de niños de nido le hicieran caso a la maestra, con los rostros lívidos de la emoción que no logran procesar.

- Muy bien, te daremos un nuevo incentivo. Por cada turno que pases, le disparare con esta otra arma a cualquiera de ellos. - Un grito ahogado se hizo notar, pero no lo suficiente como para saber de quién provenía.

- Empezamos – Liberó el tambor, volvió a poner otra bala, lo hizo girar y lo cerro de golpe. –No me decepciones. Vamos! - Y me extendió el brazo derecho para darme el arma.

- Vamos, vamos, no tenemos todo el día y toda esta gente tiene cosas que hacer. Van a pensar que las tenemos retenidas aquí por puro capricho. - Amartillo la otra arma y empezó a apuntar a otra persona.

- Esta bien! Voy a jugar tu maldito juego! Pero lo jugare a mi manera. - Ella asintió con la cabeza en aprobación. Volvió a apuntar a la gente con el arma que estábamos usando.

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía. Puso el arma en la mesa y la empujo hacia a mí.

Mire el arma por unos segundos y ante el asombro de sus ojos, apunte el arma hacia mi cabeza. Ella sonrió. Condenada mueca. A pesar de toda su cruel frialdad, no dejaba de tener su encanto.

Jalé el gatillo.

- Click…! - Disparé el arma y la recamara estaba vacía. Puse el arma en la mesa y la empuje hacia ella.

Ella amartilló el arma, apunto hacia las demás personas…

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía. Puso el arma en la mesa y la empujo hacia a mí.

Tome el arma, amartille, apunte a mi cabeza…

- Click…! - Disparé el arma y la recamara estaba vacía. Puse el arma en la mesa y la empuje hacia ella.

Ella amartillo el arma, apunto hacia las demás personas…

- Click…! - Disparó el arma y la recamara estaba vacía. Puso el arma en la mesa y la empujo hacia a mí.

Tome el arma, amartille, apunte a mi cabeza…

Trague saliva con mucha dificultad, como quien se atragantase con un bocado demasiado grande de pasar. Ese bocado que sabes que te mataría durante el intento.

Sin embargo, mi alivio solo duro por una fracción de segundo en la cual reviví ese momento una y otra vez, 500 veces, a una velocidad absurda. Y cuando me di cuenta de lo que ello significaba, de la consecuencia que esto estaba a punto de traer, me invadió un terror tan espeluznante que jamás en mi vida había experimentado. Pues, esto no solo significaba que estaba a punto de morir en su estúpido juego. Sino que esto no me aseguraba que ella dejase a los demás en paz. Alguien inocente podría pagar las consecuencias por no tomar una decisión. Desconozco qué tan inocente sea el resto del mundo, pero no son responsables de las circunstancias en las que, ella y yo, estábamos envueltos.

Los segundos se hicieron eternos, como el rocío cae desenfadadamente, en un desfile suave y parsimonioso por la superficie de una hoja. No sé en qué instante deje de apuntarme con el arma y la dirigí hacia ella. Era como si todo mi ser estuviese inmovilizado y lo único con vida y conciencia propia era mi brazo que sostenía la pistola.

Amartillé el arma, apunte…

Esbozo esa mueca, esa macabra imitación de sonrisa, como si ya supiera de antemano lo que estaba por suceder. Y su mirada, esa mirada de picara y malévola que es capaz de conjugar una mezcla de inocencia y corrupción a la vez.

- Las cosas suceden por algo. Y ese algo, por inexplicable que sea, es algo que podemos manejar. Pues la vida es un espejo, en el que nuestras acciones se reflejan. ¿Qué estás haciendo con tu vida? El hecho de que ya no estemos juntos, no significa que tú no sigas adelante…

El tiempo perdió su continuidad normal, desacelerando su marcha, tan lentamente, tan tortuosa y nefasta.

Y justo antes de apretar el gatillo, ella cerró los ojos…

Cerré los ojos…

BOOM…!!!

+++

- Crasssshhh…..!!! - Vidrios rotos, muchos. Podría asegurar, según mi experiencia, que se tratan de varios platos.

De repente gritos. La camarera corría rápidamente hacia el teléfono. La gente empezó a juntarse. Había un hombre en el suelo, sujetándose el pecho. En su caída, había tumbado varios platos de uno de los carritos con los que llevaban la vajilla, junto a la barra.

Su corazón. Un ataque al corazón.

Lentamente el tiempo recuperaba su velocidad normal. Mire frente a mí, al otro lado de la mesa en la que me encontraba. Vacio. Solo un misterioso hilillo humeante se vislumbraba tímidamente a contra luz.

Saque la mano que tenia dentro de la mochila. Sujetaba fuertemente su foto. La foto que le tome días antes de que falleciera.

Incluso, después de que ya no está en este mundo, sigue aleccionándome de la forma más dolorosa posible.

Sigue jugando con mi mente…

Y a pesar de ello, aún la extraño…
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viernes, 29 de julio de 2011

UNA EXTRAÑA REUNION (Cuento)

Mi cabeza da vueltas y una fuerte presion circula desde la base de la nuca recorriendo mi craneo como si de una carrera se cuyes en tombola se tratara. Acune los nudillos de mis pulgares en mis cuencas oculares, masajeando lentamente de forma circular mis irritados ojos. Pensar demasiado hace que las personas encuentren demasiado tarde las respuestas que estan siempre en frente de ellos, brincado cual conejos de pascua con una dosis concentrada de alcaloides.

Me encontraba sentado, en la cima de una colina, el aire era helado y aunque el sol radiante e imponente, se encontraba en el cielo reinando, solo se encargaba de iluminar y resaltar el colorido paisaje del lugar donde me encontraba. Entre montañas, colinas y lagunas de impresionante calma y misterio. Y aunque la vision cual campos eliseos embelesaba mis sentidos, esto no era suficiente para mantener a raya mi persistente presion craneana. Entre los segundos que atinaba capturar para lograr enfocar y reorganizar mis pensamientos, mi curiosidad se vio centrada en una cosa. A unos 30 metros, colina abajo, una gran mesa de piedra blanca se encontraba ubicada inmaculada, con una serie de materiales dignos para la hora del té ingles.

Empece a descender y a dirigirme hacia aquella extraña mesa. La vajilla y accesorios se encontraban distribuidos de forma casi ritualistica, como si de una mesa de diseccion medica se tratase.Todo pulcridad.
A la cabeza, izquierda, de la meza, una criatura imponente se encontraba sentada y comoda, mientras educadamente se servia una infusion caliente para mitigar el frio del lugar. El frio arreciaba.

Era un Elefante, gris, formalmente vestido de etiqueta, como debe ser, para la hora del té. Por supuesto, que más podria ser. Verlo era poner a prueba toda ley de fisica y de la razon, mientras que se servia en las pequeñas y delicadas tasas de plata. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis cucharadas de azucar.

La gran Tortuga, verde, que se encontraba ubicada al lado de la mesa, a la derecha del elefante, hacia uso de una cuchara, mientras empezaba a golpear delicadamente un huevo, dos, tres, siete huevos, con la finalidad de quebrar los cascarones. Conforme estos se quebraban, salian de su interior una serie de tortuguitas mas pequeñas, de un color diferente segun el cascaron, que empezaron a caminar y caer de la mesa.

Frente a la gran tortuga, una gran Lagartija, no estoy seguro, parecia una especie de caiman, violeta, se relamia el hocico con su larga, biscoza y veloz lengua viperina, mientras contemplaba a las pequeñas tortugas salir de los cascarones y luchar por tratar de avanzar, o escapar de lo que posiblemente podria ser un destino cruel para su cortas existencias.

Continue contemplando a estas tres extrañas criaturas, continuar en su repetitiva actividad. Casi de forma hipnotica contemplaba, mientras magneticamente me sentia atraido más y más a sentarme en el extremo derecho de la mesa, frente al Elefante. El frio se intensificaba.

Logre colocar mi mano izquierda, en la pesada silla de madera que, según entendi, estaba destinada para mí.

"Que es lo que ves en este momento?" - me susurro una voz en el oido derecho. Tan gelida y petrificante que me devolvio a mis casillas de forma inmediata con siquiera la primera letra pronunciada.

Voltee a mirar a la mujer que me estaba hablando, instintivamente deduje que era una mujer e inconcientemente supe quien era, pero mi mente se bloqueo y se nego rotundamente a adminitir o si quiera intentar aceptar esa verdad. Era una mujer, de tez gris verdosa, palida y hueso. Vestida en ropas negras, casi mortuorias. Era la Viuda.

"Entiendes que es lo que sucede? Pues todo lo que esta por suceder ya ha sucedido antes. Sabes diferenciar esta vez que parte es la que te toca interpretar?" - susurró nuevamente ella y el frio del lugar seguia descendiendo drasticamente e ironicamente, mientras más frio hacia, el sol brillaba más intensamente en lo alto. La nieve en los picos montañosos se incrementaba temerariamente, amenzante a desvordarse y causar avalanchas mortales.

Las criaturas seguian en su ciclo interminable, nada variaba, todo se repetia y continuaba.

"La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener."

Me quede paralizado eternamente por escanzos segundos. Y aunque no veia sus ojos, pues estaban cubierto tras ese velo negro mortecino, sabia muy bien que tras el no habian ojos, solo sus cuencas oculares vacias apuntaban hacia mí. Directamente al fondo del problema.

Todo el frio de este lugar era causado por mí. Yo era causante de todo esto...

Y con esta nueva revelacion...otra vez, la Largartija se avalanzo contra la pequeñas Tortugas empezando a devorarlas. La Tortuga, extendio una de sus patas del interior de su caparazon y con ella una gran espada incandescente que acesto un certero golpe en la gran y bifida lengua del reptil. El Elefante se puso en pie, quien con su gran volumen golpeó la mesa desencajandola de su ubicación inicial y moviendola violentamente a mi dirección. A su paso, todo aquello que permanecia encima de ella, permaneció encima de ella, puesto que si bien todo saltaba y volaba y se volcaba, permanecia dentro de la misma mesa. Con excepcion de las tortuguitas.

Mi mano derecha logro asirse a la pesada silla de madera, antes de ser impactado por la mesa, con la finalidad de tratar de protegerme de ella. Para mi suerte, al momento de haber tocado la silla, esta se volvio cenizas y se deshizo en mis manos, dejando una estela de humo negro.

Cai al suelo, suave y verde. El olor de la hierba en la mañana se percibia e inundaba mi sentido del olfato fuertemente. Eleve mi mirada en dirección a la viuda y sus ropas se encontraban todas mojadas. Y de sus labios marchitos se pronunciaron estas ultimas palabras:

"Ahora que lo sabes, que papel vas a interpretar esta vez...?"

Su imagen se hizo difusa, como lo hizo la silla al tornarse en ceniza y esparcirse con el viento. Mi cabeza empezo a darme vueltas nuevamente y mi rostro impacto nuevamente en el suelo suave, humedo y de verde hierba.

***

Las personas estaban a mi al rededor preocupadas. Lo pude deducir por la expresion en sus rostros. Claro que no estaba seguro si era por el hecho de mi aparente delicada salud o por el hecho que les estaba malogrando su divertido tour por las montañas. La cabeza me segui dando vueltas.

Una joven, delgada y atractiva mujer morena, me tenia tomado de la mano y me trataba de reconfortar, mientra otras tres personas, un anciano con sobrepeso, un joven delgado mas interesado en la morena que en mí, trataba de apoyarla en todas las indicaciones que ella daba, mientras parecia comersela con los ojos; y una mujer de mirada noble y sonrisa gentil, hablaba con las demas personas y los instaba a tener calma y que ya todo iba a pasar, que no era nada serio y que me repondria.

Hacia frio. Y las manos de la joven guia sudaban. A decir verdad, ella sudaba. Debo entender que era más por el temor de lo que me pudiera suceder y lo que ello significaría para el negocio del turismo, en este lugar tan elevado sobre el nivel del mar.

Ella me explico que habia sido victima del mal de altura y que eso me causo el dolor de cabeza, las alucinaciones y el desmayo. Pero que me repondria y que estaria mejor. Me dieron unas medicinas y muy amablemente me ofrecio permanecer en el vehiculo mientras continuaba con los demas miembros del grupo.

Solo atine a asentir con la cabeza y le dia las gracias aprentando su mano izquierda. Ella me miro extrañada y se alejo.

Me quede ahi, esperando. Como si esperace algo más. Tal vez, un conejo apurado con un reloj de bolsillo. Algunas respuestas tan obvias, requieren circunstancias extrañas, solo para poder demostrarse como tal. Más aún, cuando tu siempre has sabido la respuesta.

Ironico...

***